RECORDAR ES VOLVER A VIVIR
- Teo Arrieola
- 17 jun 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 24 jun 2022
Lima, Santiago de Surco – Jockey Plaza
En pantalla, se veía a Danny Zuko declarando, que el amor que sentía por Sandy Olsson, era eterno y prometiéndole así, que este era el principio de una historia que no podía ser destruida. A unos metros de ellos dentro de la gran pantalla, se encontraba las parejas de la primera fila suspirando desde sus autos, era la típica foto postal romántica de los auto cinemas de los años 90. Año donde se estrenó, este fenómeno que quedo para la eternidad como un clásico de todos los tiempos, “Ghost”, una de las exitosas producciones de la industria norteamericana.

Eran aproximadamente las 4:30 PM del primer domingo de marzo, aun teníamos los últimos rayos de sol del verano y puertas de un otoño prometedor, aunque para muchos en la capital, el encierro por la pandemia del COVID – 19 fue una de las tragedias más grandes que nos pudo haber pasado, para el medio ambiente fue un suspiro necesario, el clima era mucho más liviano, el mismo ecosistema marítimo de la Costa Verde, salía después de más de 20 años que por temas de contaminación, no se les veía ni por asomo. Pero entre los más jóvenes era doblemente estresante, no poder gozar de un maravilloso clima, ya sea para salir a pasear a un parque, o ir en la tarde al cine a ver los últimos estrenos que se emitieron para el 2020. Sin embargo, esa misma tarde, me llegó un mensaje de mi mejor amiga por WhatsApp, donde sin abrir el aplicativo, pude leer en la barra de notificaciones – “Regresaron los auto cinemas en el Jockey, tenemos que ir si o si”. Instantáneamente, prendí mi laptop y me puse a investigar si lo que me decía era cierto o una de sus pesadas bromas que me hacía a diario, cosa de “mejores amigos”, pero la sorpresa fue aún más grande al leer en la portada del diario Andina.pe que lo encabezaba el titular de: “Autocinema abrió en Lima y funcionará los siete días de la semana”; sin pensarlo 2 veces, entre a la boletería virtual, visualizando los costos, que eran igual ya sea en la fila que escogieras, eso ya era cuestión de que llegues a tiempo para poder comprar los puestos más cercanos a la pantalla, que por obvias razones, siempre paraban llenas, la razón era la cartelera de películas que iban a pasar, haciéndonos un flashback a los años 80, 90 y 2000. Teníamos desde un icono como lo fue “ET”, hasta un clásico de clásicos como lo es “Ghost”. Sin pensarlo 2 veces optamos por la segunda mencionada y es que, tanto ella como yo, somos aficionados a las películas con trama romántica, que, si bien se aleja totalmente de la realidad, es bonito salirse de vez en cuando de ella. Se facturó los 55 soles que costaba la entrada. Donde si bien se entendía que, por protocolos de seguridad, no se admitían a menores de 14 años ni mayores de 68 años, solo permitían que por carro entren 2 personas, excluyendo así a los que quizá sean una familia de 3 o 4 personas que quisieran revivir la experiencia.

Atorados, como de costumbre pasa casi siempre en la avenida Javier Prado, nos encontrábamos coreando la canción TELEPHONE de Lady Gaga y Beyonce a todo pulmón para calmar la ansiedad de llegar demasiado tarde al complejo del YOY Lima Box Park que estaba dentro del Jockey Plaza, en donde si bien teníamos claro que contaban con dos salas de capacidad máxima para 144 y 116 autos cada una. Si llegábamos 20 minutos tarde, no nos dejaban pasar. Para suerte nuestra, este no fue el caso, encontramos una cola de carros infernal, pero llegamos a entrar con la hora justa. El procedimiento de acceso no era cosa de otro mundo, en la entrada solo te median la temperatura y tu boleto electrónico para verificar tu asistencia. Ya una vez dentro, había un cartel luminoso, que al sintonizar la frecuencia FM exacta nos llenamos de asombro que podíamos escuchar la película en una muy buena calidad. No obstante, esta experiencia de Autocinema tan “vintage” no se podía contar completa, sin tu balde de pop corn y tu vaso de gaseosa helada, que, respetando el distanciamiento establecido, se hacían colas eternas, causando una enorme incomodidad a las personas cinéfilas exquisitas, que como yo, no queríamos perdernos ninguna parte de la película y mucho menos el alimentarnos.

Al salir, luego de dos horas, solo queda decirles que quedamos como el emoji del payaso, tanto yo, como mi mejor amiga, por no haber notado el cartel del WhatsApp delivery que te traían tu orden hasta el mismo carro. Una gran F para nosotros y una A+ por el retorno de este tipo de atracciones que, para muchos de los millennials que no pudimos disfrutar por nacer en una época equivocada, fue muy grato, para aquellos que si tuvieron la oportunidad de vivirla fue un “Recordar es volver a vivir”.





Comentarios